La fundamentación científica del proceso de aprendizaje

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Trabajo colectivo del grupo 03 del módulo de Psicopedagogía de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas, del CECTE-ILCE bajo la tutoría de la maestra Elsa María Keinrad Ibargüengoitia, con participaciones vertidas en el foro electrónico.

Consultar lista completa de autores

Improvisación y costumbre contra profesionalización.

En el proceso de enseñanza aprendizaje interviene de manera determinante el profesor, este personaje con múltiples historias e influencias psicológicas y sociales que dirigen su accionar frente a los alumnos. Se puede afirmar que todos los docentes poseen bases empíricas y experimentales sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje, sin embargo, no es para nada extraño que se sorprendan al observar alguna evaluación por parte de sus estudiantes y se pregunten: “¿Cómo sucedió esto? ¡Si yo lo expliqué muy bien!”

Es necesario cuestionarse qué tipo de educador se desea ser. Sin duda alguna hay quienes, a lo largo de su desempeño, se limitan a presentarse, pasar asistencia y –de una u otra manera–, tratar de “cubrir el programa”. Es también sabido que existen aquellos que instruyen a sus pupilos con las mismas prácticas pedagógicas con las que ellos fueron formados, y algunos que imparten sus clases con base en lo que les ha funcionado y lo siguen aplicando en otros contextos, sin ningún ajuste. Casi todas las personas, seguramente, han sufrido este tipo de “enseñanza” en algún momento de su vida.

Sin duda alguna, los diferentes paradigmas educativos han surgido por el cuestionamiento de profesores que, preocupados por lo que ven día a día en su salón de clase, han buscado analizarlo y evaluarlo más a profundidad. De ahí han emergido las bases teóricas de los procesos que intervienen en la instrucción pedagógica, el estudio sobre los diferentes estilos de aprendizaje, las estrategias de enseñanza y la didáctica empleada durante el proceso.

“A través de mi experiencia con Piaget de trabajar con un alumno a la vez y tratar de descubrir, desde muy cerca, qué era lo que realmente pasaba por la mente de aquel niño, yo había adquirido una base formidable para despertar mi sensibilidad hacia los alumnos. Creo que una cierta dosis de este tipo de conocimientos y trabajo sería igualmente útil para todos los docentes” (Duckworth, 1999).

Sin embargo, a pesar de que puedan servir de guías y ejemplos a seguir, para el maestro es relativamente fácil confundirse entre las distintas influencias que recibe y hundirse entre las diferentes concepciones particulares de filósofos, pedagogos, científicos y su percepción personal sobre el proceso educativo. La planeación didáctica es una tarea crucial; gracias a ella cualquier profesor debe ser capaz de elegir la estrategia más adecuada a utilizar, tomando en consideración el contenido, los estudiantes y el momento en que se dará la instrucción. Es necesario el que cualquier actividad que se realice sea justificada de acuerdo a un marco teórico conocido a profundidad que permita comprender mejor cómo se está dando el proceso dentro del aula. Es necesario, en suma, un cimiento científico: “Las teorías del aprendizaje le ofrecen al diseñador de instrucción estrategias y técnicas validadas para facilitar aprendizajes así como la fundamentación para seleccionarlas inteligentemente” Ertmer y Newby (1993). Se requiere de una base científica, pues de otra manera queda en acciones del maestro dirigidas sólo por el sentido común y la improvisación. Enmarcarlo teóricamente, planearlo y aplicarlo bajo una metodología, es lo que lleva a lograr los objetivos a cabalidad.

La fundamentación científica.

¿Qué es fundamentar?

Fundamentar es dar conocimientos verdaderos en forma seria, pedagógicamente adecuada, para reducir el riesgo de caer en falsedad o equivocación, con el fin de explicar el porqué de las cosas y darles veracidad y credibilidad. Fundamentar es enseñar hechos, principios y leyes que estén comprobados.

La fundamentación científica es la base de la planeación, ayuda a diagnosticar y resolver problemas con validez y seguridad; puede tener diferentes ópticas complementarias: economía, psicología y filosofía entre otras, que le dan las ventajas de universalidad, transdisciplinariedad y más.

Sus bases, por qué hacerlo

La ciencia es un camino hacia la libertad de la ignorancia, hacia la verdad con coherencia intelectual, como dice Hazen, R. (2002): “Nuestra sociedad está inextricablemente atada a los descubrimientos de la ciencia, tanto que a menudo estos descubrimientos juegan un papel crucial en el clima intelectual de una era.” Hoy, el conocimiento acumulado en cuanto a la pedagogía es enorme y descansa en los pilares de varios expertos, como Vigotsky, Piaget, Marzano y muchos más.

Dar fundamento está basado en el método científico, lo que otorga las facetas de mensurabilidad, repetibilidad y refutabilidad propias de todas las disciplinas científicas. Esto ayuda a profesionalizar las actividades y auxilia a la solución de problemas, pues permite explicar los fenómenos a través de métodos inductivos y deductivos que se retroalimentan haciendo uso del pensamiento crítico.

Un procedimiento fundamentado permite entender los principios y enfoques de los investigadores, justifica la toma de determinaciones en la solución de problemas concretos de acuerdo a reglas acordadas y establecidas para descubrir la naturaleza de cada proceso, mejora las capacidades de resolución de cuestiones y de asimilación de innovaciones, entre otras.

En particular, como ya se mencionó, se requiere una fundamentación científica en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Con el respaldo de profesionales especializados, todos los temas educativos de cualquier nivel deben apoyarse en la ciencia para ayudar a construir un marco teórico que dé sustento y vigor a los conocimientos, permita hacer una planeación y diseñar una metodología para lograr los objetivos de la Educación. Además, debe ayudar a reflexionar, elegir alternativas y hacer propuestas responsables mediante la investigación, pues hay que conocer las variables que modelan el contexto nacional, regional y local. Constructivismo, conductismo o cualquier otro paradigma, serán útiles tras una metódica investigación de sus propuestas y pertinencia a la realidad nacional.

Por otro lado, en el orden ético, existe la responsabilidad del trato humano y de la formación de personas, pues las decisiones que se tomen tienen consecuencias de largo plazo.

Beneficios

Algunos de los beneficios de fundamentar el trabajo educativo son dotar al quehacer docente de los atributos metodológicos, de estructuración y sistematización que caracterizan a otras ciencias. De este modo, el trabajo educativo se apoya en la realidad y relaciona los estudios con las normas didácticas. Así, se favorece la incorporación de lo aprendido en la estructura mental del alumno, a la vez que se identifican sus características cognoscitivas y de personalidad.

El hecho de que el docente cuente con conocimiento científico orientado hacia la práctica pedagógica lo hace más eficiente y más eficaz al cumplir con los objetivos de modo más asertivo y seguro, muchas veces con menos recursos. También se favorece el dar seguimiento a los egresados en su labor profesional.

Justificar científicamente el aprendizaje da la ventaja de entender los cambios de la sociedad del conocimiento, y la preparación de individuos reflexivos, críticos y autocríticos que se comprendan a sí mismo, a su entorno y a otros.

Los profesores, que han descubierto sus beneficios, seguirán fundamentando y cuestionando su práctica al descubrir lo que logran en favor de sus afortunados alumnos. Dichas ventajas son tanto para los alumnos como para los maestros. El trabajo educativo se convierte asimismo en una oportunidad de hacer ciencia.

Algunas precisiones pedagógicas.

Ha quedado claro que no está a discusión la necesidad de fundamentar científicamente la práctica docente; el problema es que no se pasa de la necesidad a la práctica, se queda en teoría o se incorpora como un mero discurso que no se refleja en la práctica docente.

¿Cómo se visualiza a un docente que fundamenta científicamente su práctica de enseñar? ¿Cuáles son sus características? ¿Cómo se puede identificar que allí se están aplicando principios científicos?

El perfil de un docente así implica en primer término a un profesional que conoce su contexto social y se mantiene informado y vinculado a él; hace de su experiencia cotidiana una oportunidad para relacionar ese mundo concreto, vivo, con las construcciones teóricas de las ciencias, tanto de las que enseña, como de las que él aplica en su trabajo docente.

Para ello es indispensable incluir en ese perfil la construcción y uso de un marco conceptual que le permita entender ese mundo desde una perspectiva dada, tanto como orientar sus actos educativos. Tener su propio paradigma pedagógico.

Una tercera característica es que debe tener la capacidad de convertir lo abstracto- teórico en herramientas prácticas para orientar los procedimientos y técnicas concretos que usa todos los días con sus alumnos. Pasar de la teoría a la práctica a través de la creatividad.

La cuarta es su habilidad para hacer uso de todas esas herramientas o medios derivados de las ciencias, convertirlos en sus instrumentos de trabajo.

La quinta es tener la apertura suficiente para la autoevaluación. Aplicarse a sí mismo el pensamiento crítico que le permita distinguir errores y aciertos.

La sexta, tener la honestidad intelectual para reconocer las aportaciones de sus alumnos en primer lugar, luego de sus autores favoritos, de sus mentores, de su institución, etc.

En este objetivo de convertir la teoría en práctica es prioritario desarrollar estrategias de enseñanza encaminadas a lograr en los alumnos la construcción de sus propias estrategias de aprendizaje, con la finalidad de que ellos continúen haciéndolo a lo largo de su vida.

Y dado que ninguna persona es una isla, es posible aprovechar los múltiples recursos disponibles para personalizar la acción docente trabajando en colaboración con otros colegas, manteniendo una actitud investigadora en las aulas, compartiendo recursos, observando y reflexionando sobre la propia acción didáctica.

Finalmente todo esto requiere de un docente y una institución educativa críticos que entiendan a fondo las consecuencias de adoptar o construir una teoría pedagógica, un paradigma, porque tal sustento deberá reflejarse en todos los aspectos desde los programas académicos, la didáctica, la infraestructura, las interacciones escuela-contexto, la administración escolar, etc. Es decir, pasar del discurso a la realidad.

Para ejemplificar el caso de un docente interesado en fundamentar científicamente su práctica se puede pensar lo siguiente:

1. Hacer una lectura crítica de paradigmas y autores. Definir una postura propia a partir de la cual es posible seleccionar una aportación científica adecuada al desempeño docente personal (materia o contenidos, tiempos, programas instituciones, etc.); construir un marco conceptual y metodológico propio.

2. A partir de ese marco hacer un programa de aplicación de un principio; por ejemplo, seleccionar la primera dimensión del aprendizaje de Robert Marzano: generar actitudes y percepciones favorables al aprendizaje.

3. Operacionalizar este principio en unas 10 formas diferentes de generar dichas actitudes, como podrían ser: escuchar música, leer noticias, ver películas, salidas a campo, dinámicas de grupo, trabajo colaborativo, fabricación de objetos, realización de experimentos, representación teatral, efectuar cambios de mobiliario. Todas ellas relacionadas directa o indirectamente con los contenidos académicos.

4. Aplicar estas variables durante un semestre, generar información, sistematizarla, evaluar los resultados. Seleccionar aquellas formas que mejoraron el aprendizaje y agregar algunas nuevas para aplicarlas en el ciclo siguiente; repetir el trabajo refinando cada vez los resultados con base en la observación y evaluación dentro del marco teórico y metodológico que se elaboró previamente.

Esto puede hacerse con principios concretos tales como la zona de desarrollo próximo de Vigotsky (1988), la diferenciación de conocimiento declarativo y conocimiento procesal (Marzano, 2005), o cualquier otro principio probado científicamente.

La aplicación sistemática de un programa así convertiría el quehacer docente en una verdadera experiencia científica.

Participantes del proceso: docentes, alumnos, instituciones
Responsabilidades y congruencia

Docentes

Como se mencionó al inicio de este documento, en el proceso de enseñanza aprendizaje media de manera determinante el profesor y la enorme gama de influencias de vida y formación que implica su propia historia, entre las que se incluyen: las bases teóricas que intervienen en la instrucción pedagógica, los diferentes estilos de aprendizaje, la didáctica empleada y la apreciación personal. Lo anterior va moldeando las acciones del docente frente a sus alumnos, quien durante el proceso también puede adoptar el papel de científico de la educación.

Llamado por vocación a investigar y dar soluciones a los problemas que se generan en el aula, el maestro y todo educador, debe generar marcos teóricos, formular hipótesis y elaborar conclusiones referentes a sus actividades diarias, dando así fundamentación científica al aprendizaje y un sustento teórico que le da mayor validez a las ideas y establece una relación constante y consciente entre conocimientos científicos y normas didácticas.

Por ello, para que el proceso de enseñanza aprendizaje rinda buenos frutos, debe cimentarse en el método científico, a través de métodos inductivos y deductivos que se retroalimentan haciendo uso del pensamiento crítico, así como potenciar el aprovechamiento de los múltiples recursos disponibles para personalizar la acción docente, entre los que se incluyen la colaboración con otros colegas, mantener una actitud investigadora, uso de la web y la constante observación y reflexión sobre la propia acción didáctica en vías de mejorarla.

Tomando en cuenta que el aprendizaje del conocimiento científico se nutre de muchos factores que justifican la toma de decisiones en la solución de problemas, se recomienda que los docentes:

Sepan elaborar una investigación científica para poder apoyar a sus alumnos en una labor similar.

Tengan bases científicas en la adquisición de los conocimientos que van siendo parte de él y que luego van a ser parte de sus alumnos.

Realicen planeaciones estratégicas y eficaces en la formulación y desarrollo de proyectos educativos.

Desarrollen competencias de aprendizaje para poder estimularlas en sus alumnos.

“Como docentes forjadores de formación, somos responsables de la reflexión permanente fundamentada en el concepto y la práctica, en la búsqueda de la verdad, a través de los desafíos de la ciencia y tecnología, en la búsqueda de la construcción de fundamentos de convivencia y equidad a través de la ética. (Orozco M. y Muñoz, C., 2005)”

Fundamentar científicamente el aprendizaje en la acción docente puede resolver muchos de los obstáculos que surgen en el proceso educativo, mejorando las estrategias de enseñanza, la planeación, clarificando e identificando objetivos durante la selección de recursos adecuados o material didáctico, y así, evitar improvisaciones.

Alumno

En el proceso de enseñanza-aprendizaje con fundamentación científica, el alumno debe ser participante activo y no comportarse como un espectador, lo que implica acciones de experimentación y reflexión que lo llevaran a equivocarse y aprender de otros y con otros.

En este contexto es importante saber lo que el estudiante realmente sabe o desea saber, valorar sus conocimientos y confrontarlo con circunstancias relativamente familiares que permitan manifestar su verdadero potencial o que lo induzcan a comportarse con naturalidad durante el proceso de enseñanza-aprendizaje con bases verdaderas y sustentadas. Bajo esta dinámica se forma una conexión entre los problemas y cuestiones que le interesan y las bases científicas, dando significado a las soluciones propuestas.

“Se requiere que los sujetos dominen su espacio vital para que puedan comprender lo que sucede en la sala de clases con los humanos que comparten el proceso de construcción del conocimiento, su génesis histórica.” Soubal, S. (2008).

Para inducirlo al campo del quehacer científico se recomienda que el alumno:

Sea partícipe de trabajos colaborativos que requieran la aplicación de teorías sobre procesos de enseñanza y que lo lleven a comprobar tesis o hacer aportaciones al conocimiento científico.

Exponga unidades temáticas con la aplicación de recursos didácticos y teorías pedagógicas que le permitan concebir los conceptos para sí mismo y los demás, lejos de la tradición memorística.

Fortalezca su capacidad de análisis, síntesis, evaluación y sistematización de su propio aprendizaje a través de la lectura y redacción de ensayos, resúmenes ejecutivos o artículos científicos.

Participe en acciones sociales con base en contextos reales que motiven su responsabilidad social y la construcción de su propio conocimiento con estrategias de autoaprendizaje.

Sea autocrítico y reflexivo de su labor científica para lograr la construcción de conocimientos fundamentados a través del ensayo y error.

Utilice las TIC’s para facilitar su vinculación e interacción con estudiantes de otras disciplinas y centros de información.

Instituciones

Dentro de la educación las instituciones deben garantizar la inserción del individuo a la sociedad. Ésta debe ser consciente, es decir que el individuo, después de ser partícipe de su desarrollo mental, pueda identificar las causas de los problemas y las soluciones adecuadas. De esta manera, con su saber y conciencia puede aportar al desarrollo comprendiendo los procesos humanos. Así, más que prepararlo para la inserción laboral llegará a la comprensión de su entorno y a ser partícipe de su desarrollo y mejora.

Basados en la exposición anterior, es evidente que diferentes sociedades e instituciones han adoptado un modelo de enseñanza-aprendizaje que va acorde al contexto político, social, económico y cultural que desea reproducirse en el ámbito de la educación formal.

Las instituciones, como mediadoras del proceso de enseñanza-aprendizaje, requieren la actuación grupal de los sujetos que la componen “la educación de lo nuevo constituye un proceso en el cual los alumnos analizan cada nuevo fenómeno u objeto desde diferentes ángulos estableciendo la multiplicidad de relaciones de un objeto dado con otros que se le parezcan o que se diferencien sustancialmente de él. De este modo, el proceso de enseñanza, si está bien organizado y estructurado educa a los alumnos a enfocar dialécticamente los objetos y fenómenos que estudian, forma gradualmente los elementos del pensamiento y el razonamiento dialéctico. Danilov, M. A y Skatkin, M.N. (1980)

Es importante fundamentar científicamente el quehacer educativo y contar con instituciones que tengan una visión crítica que entienda a fondo las consecuencias de adoptar una u otra teoría pedagógica, que incluyan además la formación de capacidades afectivas y de valores siendo la educación integral –o lo que hoy se conoce como holístico–, lo que incluye a todas las personas involucradas en la educación por la responsabilidad derivada del hecho de tratar con seres humanos.

Conclusiones: reflejo en el aula y trabajo cotidiano

La labor docente no es finita, ni está totalmente definida, ‑de hecho pocas cosas en esta Era lo son‑ el signo de estos tiempos es la velocidad a la que suceden los cambios, lo cual también deja su impronta en el ámbito educativo. La educación de la actualidad se da en un entorno global, cambiante e inconcreto, en el que cada persona desde lo individual, pero también en colaboración con los demás (a través de la telemática) investiga para construir su propio conocimiento, de lo cual se concluye que para que los individuos de esta época, en la que el más alto valor de cambio lo posee precisamente el conocimiento, tengan ventaja competitiva, deben ser educados a partir de la ciencia, con la ciencia y para la ciencia.

Mas esto es inalcanzable sin una sólida fundamentación del trabajo educativo. Dejar librados al azar los resultados del proceso enseñanza-aprendizaje es una apuesta perdida, pues debe comprenderse que en ella se juega el futuro de los niños y jóvenes, el futuro de la escuela en tanto institución social y el futuro de la sociedad.

Asimismo, es innegable que la práctica docente ha de estar sustentada en bases científicas, en primera instancia por la responsabilidad ética que implica el formar personas. Y en segunda, porque se debe hacer uso de alguna teoría o en su caso, algún paradigma pedagógico fundamentado para la trasmisión de los conocimientos, es así que todas las personas involucradas en la educación tienen una especial responsabilidad derivada del hecho de que se está tratando con seres humanos; los actos educativos por medio de los cuales se busca enseñar y aprender exigen mucho más de lo que podrían exigirse a otras profesiones.

De ésta manera el sustraer la enseñanza de la improvisación y de sus azarosos resultados acaso sea la principal ventaja de la fundamentación científica, pero definitivamente no la única: comprender mejor el proceso enseñanza-aprendizaje, educar para la verdad, dotar al quehacer docente de un carácter científico, profesionalización del profesorado, validez y credibilidad… la responsabilidad ética implícita en el acto educativo, entre otros retos, pueden convencer y ayudar a dar certeza a la labor del más vacilante educador.

El desarrollo de la ciencia proporciona la descripción, explicación, predicción y control de fenómenos: Uno de los objetivos básicos consiste en la identificación de problemas y en descubrir las relaciones entre las variables que permitan describir, explicar, pronosticar y controlar fenómenos. Para ello, descubre leyes y desarrolla teorías científicas. Es precisamente por estas cualidades del quehacer científico que los docentes deben capacitarse, entrenarse como investigadores y manejar el método científico a fin de poder hacer uso, reflexionar y aplicar alguna de las teorías pedagógicas considerando el entorno en que se desenvuelven y hacer las adecuaciones necesarias conforme al contexto especifico en que trabajen.

Sin duda alguna, la fundamentación por sí misma no es una receta mágica que resolverá todos los problemas de la enseñanza, desde luego que no, previo a ella el profesor debe ser capaz de hacer una lectura precisa de la realidad en la que ejecuta su magisterio y posterior a la fundamentación deberá mostrar competencias para aterrizar ésta en soluciones prácticas, por lo que características de metodológica, estructuración, mensurabilidad, repetibilidad y retroalimentación deberán impregnar su labor diaria, es decir, una labor basada en la ciencia.

Algunas otras ideas de suma importancia son las siguientes:

1. Es innegable que la práctica docente debe estar sustentada en bases científicas primero por la responsabilidad ética que implica el formar personas, “todas las personas involucradas en la educación tienen una especial responsabilidad derivada del hecho de que se está tratando con seres humanos; los actos educativos por medio de los cuales se busca enseñar y aprender exigen mucho más de lo que podrían exigirse a otras profesiones”

2. El desarrollo de la ciencia proporciona, “La descripción, explicación, predicción y control de fenómenos: Uno de los objetivos básicos consiste en: la identificación de problemas y en descubrir las relaciones entre las variables que permitan describir, explicar, pronosticar y controlar fenómenos, para ello descubre leyes científicas y desarrolla teorías científicas. Es precisamente por estas cualidades del conocimiento científico que los docentes deben capacitarse, entrenarse como investigadores y manejar el método científico a fin de poder hacer uso, reflexionar y aplicar alguna de las teorías pedagógicas considerando el entorno en que se desenvuelve y hacer las adecuaciones necesarias conforme al contexto especifico en que se trabaje.

3. Finalmente, como se definió antes, “La fundamentación científica ayuda al estudiante a desarrollar sus competencias de manera óptima, que a su vez le servirán de base para edificar nuevos conocimientos”, por ello debe asegurarse que el modelo de enseñanza de las ciencias no sea un conocimiento declarativo sino procesal, vivencial, es decir que el alumno aprenda ciencia haciéndola, para poder transferir ese estilo de aprendizaje a los demás ámbitos de su vida.

4. Si lo anterior además se enmarca en un modelo pedagógico en el que se privilegie el desarrollo de habilidades cognitivas, emocionales y sociales se logrará el objetivo de formar sujetos críticos, autónomos, éticos, responsables, participativos.

Referencias

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Vygotsky, L. (1988). El Desarrollo de los Procesos Psicológicos Superiores. Ed. Grijalbo. México.

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Una respuesta to “La fundamentación científica del proceso de aprendizaje”

  1. bibliotecavirtual123 Says:

    Buenas tardes,

    Su artículo está muy bueno. Para complementar me gustaría compartir una información acerca del proceso de conocimiento que permite alcanzar el desarrollo mental y la sabiduría.

    http://www.10millibrosparadescargar.com/blog/desarrollo-mental-y-sabiduria-el-proceso-del-conocimiento-revelado.html

    Saludos,


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