Sobre el texto justificado

Libro iluminado

Los escribanos medievales inventaron la justificación de ambos lados de la línea para crear perfección, con ello cumplían el propósito religioso de su trabajo. Era muy difícil de lograr, aún cuando utilizaban recursos muy flexibles como el trazo con plumilla, y las uniones entre letras –ligaturas–, abreviaciones y combinaciones de letras una sobre otra (así nacieron los signos de interrogación y de exclamación).

Ligaturas

El texto justificado, por tanto, se ajustaba a los cánones de la época: Dios y la perfección ligada a Él.

Cuando Johann Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles, cambiando la producción de libros de hechos a mano por una máquina, debía alcanzar utilizando medios mecánicos la misma perfección que los escribanos. Sus mecenas esperaban que lo que compraban se viera igual que lo dibujado a mano. Su alfabeto, por tanto, incluía docenas de ligaturas para ajustar espacios, pues el tipógrafo necesitaba la flexibilidad que éstas daban. Inclusive, en la Biblia de 42 líneas, los guiones se colocaron fuera del rectángulo de la caja tipográfica para evitar pequeños espacios que pareciesen blancos, lo que hubiera interrumpido el borde perfecto. Esto se complementaba con la proporción áurea de los márgenes.

Biblia de 42 líneas de Gutemberg

Han pasado muchos años desde 1450, se transitó por una tipografía “monoespaciada”, como la de las máquinas de escribir en las que la m ocupaba el mismo espacio que la i, la W que la p. Actualmente, con el uso de la computadora los tipos de letra son multiespaciados, cada letra ocupa un espacio específico, el óptimo para su lectura. Sin embargo, la expectativa de lo “perfecto” permanece.

La página hoy en día ya no es única e irrepetible. La desventaja de utilizar columnas “normales”, justificadas, es precisamente que son lo esperado. Su familiaridad las convierte en poco interesantes. Un borde derecho irregular es más dinámico, contrasta con la rigidez de los bordes que lo rodean, añade personalidad, brillo, visibilidad –o simplemente, interés visual.

Callejoneo

Otro inconveniente es el riesgo del “callejoneo”. Cuando se justifica a ambos lados, es necesario aumentar el espacio entre letras y palabras, de aquel óptimo para la lectura, a otro que lo que persiga es el margen derecho alineado a como dé lugar. Los espacios así generados ganan fuerza visual y distraen de la lectura, pues producen huecos blancos indeseables, “caminos” entre las líneas. La consecuencia es una menor comprensión lectora. Es por ello que, para tratar de solucionar este problema, se utiliza la separación silábica –con guiones al final de las líneas que, a su vez, si se repiten línea tras línea, distraen del contenido del texto–.

Si se decide justificar a ambos lados del texto, es necesario tener un ancho de columna suficiente para que la compensación de espacios se reparta entre varias palabras y sea menos evidente.

Si se decide utilizar un margen derecho abierto, irregular, es necesario cuidar que la columna no sea demasiado angosta, pues sería muy cansado en el caso de un texto largo.

En suma, la decisión de justificar a ambos lados o solamente a la derecha es de diseño, no es ya un requerimiento.

Fuentes:

Buen, J. (2000). Manual de diseño editorial. México: Santillana

White, J. V. (1988). Graphic Design for the Electronic Age. New York: Watson Guptill.

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